Páginas vistas en total

miércoles, 1 de junio de 2011

Expedito Cortés: 10 años


Si alguna palabra puede ser utilizada para calificar la personalidad de mi padre, ella no puede ser otra que la de múltiple. En efecto, me pregunto después de 10 años de su fallecimiento, qué cosa no levantó el interés de su polifacética personalidad, de la cual la de amante de la Naturaleza es la más conocida. Se inició como docente en el caserío La Escalera en 1948, donde reforestó con sus discípulos, niños campesinos, una quebrada en tiempos en que a la palabra ecología casi no se le daba uso. Fue el comienzo de la genuina pasión de su vida.
Gracias a su recia personalidad y bajo su dirección aprendí a diagramar y dibujar aquellas figuras de gran tamaño que decoraron el auditorio del Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza de Carora, ciudad donde manifestó sus dotes organizativas al frente del gremio de docentes que realizó la primera huelga del magisterio bajo el gobierno de Rafael Caldera en 1969. Acá, en esta levítica ciudad se propuso reactivar las “tenidas” culturales de don Chío Zubillaga en el Centro Lara, al tiempo que con el médico Pablo Álvarez Yépez echó los cimientos del Rotary. Junto al inmigrante italiano Livio Martinengo creó el Cuerpo de Bomberos; impartió luces en la fugaz escuela normal que funcionó entre nosotros y que arrojó apenas tres promociones hace casi medio siglo.
 Presidía las entusiastas delegaciones del Distrito Torres al desaparecido Festival Folklórico de Lara, al tiempo que con Domingo Perera, Juan Martínez Herrera y Piyuye Rojas rescataron del anonimato la gigantesca figura del Viejo Roble de Curarigua, don Pío Rafael Alvarado. Y no había celebración religiosa o profana que no lo tuviera respaldando y animando desde los escenarios. Su vieja camioneta de doble tracción recorría la amplísima geografía de Torres. No había caserío donde no fuera recibido con júbilo: El Muñoz de Valmore Nieves o La Candelaria del Maestro Alirio Díaz; Jabón y sus sanbenitos en la cordillera o La Bamba sanpedrina. En el corazón de la Otra Banda, San Francisco, aun lo recuerdan al frente de su Festival Folklórico que se realizaba anualmente.
Sus dotes de comando se desplegaron de forma excepcional cuando dirigió al Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza, institución insignia de la educación en el Municipio Torres, desde 1960 hasta su merecida jubilación 21 años después. No se apoltronó, pues desde ese momento le dio rienda suelta a su gran pasión, la Madre Naturaleza. De tal forma, nuestra casa de Pueblo Nuevo de Barquisimeto se convirtió en una suerte de Meca de los conservacionistas de toda Venezuela a los cuales congregaba bajo su socrático magisterio.
Gratamente me siento sorprendido cuando después de cuatro décadas  se sigue consultando el curioso libro que coordinó en homenaje de los educadores a la Carora cuatrisecular, pues sus páginas se resisten al olvido, ya que ellas recrean la memoria colectiva del genio de los pueblos del semiárido del occidente venezolano nucleados sobre la Leyenda del diablo y la veneración de la virgen de Chiquinquirá de Aregue. Cuando el caraqueño Juan Martínez Herrera se metió a la Casa Amarilla, frente a la plaza Bolívar, a crear espacios para la Casa de la Cultura de Carora, no hubo persona tan entusiasta y decidida a respaldarlo en aquella utopía como el maestro Expedito.
 
Hoy debo decir con satisfacción que Expedito no pasó en vano sobre la Tierra, pues el recuerdo de su hiperkinética vida se mantiene en dos instituciones educativas, en Barquisimeto y Carora, que el combate contra la desertificación le impelió a luchar por la creación de sendos parques nacionales, Dinira y Saroche, al tiempo que nos legó saldos organizativos proambientalitas en El Tocuyo o en La Perla del Norte. Era, sin más, un hombre incansable y que tenía por lema “dejar de ser conversacionista y ser de veras conservacionista”.
En suma, estoy convencido que la gran fuerza moral y cultural de mi padre reside en el hecho de que reconocía la existencia de la cultura de las clases populares, fuerte en sí misma, con una enorme densidad histórica subyacente, con una fuente inagotable de regeneración y renovamiento que le es propia, y que es a fin de cuentas, imposible de expropiar. 
Paz a su alma.
Luis Eduardo Cortés Riera

No hay comentarios:

Publicar un comentario